JUST A BUNCH OF ROOKIES

Luz al final del túnel

Los Guardianes del Norte prosiguen con el viaje – con mayor decisión después de las meditaciones con Grazillax – cuando de pronto ven atravesar la caverna a toda velocidad dos espantosas criaturas con torso de escarabajo peludo, patas y pico de ave carroñera, y unos enormes ganchos en lugar de brazos. Los horrores ganchudos parecen huir de algo presas del pánico, lo cual presagia algo condenadamente malo.

Seguidamente, cinco gnolls aparecen corriendo persiguiendo a sus presas para sacrificarlas al lord demonio Yeenoghu, cuando en ese momento descubren al grupo de aventureros. La mirada atenta de los gnolls hacia el grupo les hace pensar que ellos podrían ser una presa bastante más suculenta que esos horrores ganchudos carroñeros. Las sospechas se confirman en cuanto los gnolls cambian súbitamente de dirección dirigiéndose hacia ellos, aullando mientras pronuncian el nombre de Yeenoghu.

El druida Varis, sin dudarlo un instante, lanza su hechizo de raíces, atrapando al gnoll sacerdote y a uno de sus secuaces. Los otros 3 gnolls se libran de las raíces y atacan. Igan aprovecha su agilidad para pasar cerca de uno y desestabilizarlo, cayendo al suelo y pudiendo ser rematado por el resto del grupo.

El sacerdote, a pesar de estar atrapado entre las raíces, logra concentrarse para lanzar una maldición a Igan y al guerrero Dalnir, penalizando sus capacidades ofensivas. No obstante, el monje Igan, en un arrebato de furia, logra penetrar sus defensas a pesar de la maldición, asestándole un golpe lo suficientemente fuerte como para hacerle perder la concentración, liberándose así de la maldición.

Mientras el resto del grupo se halla rematando al sacerdote, llega otro grupo de gnolls, idéntico al primero, separados en un principio para localizar más presas.
Pronto, el grupo de aventureros se ve completamente acorralado y abrumado por la cantidad de enemigos. El combate es el más duro y encarnizado que hayan recordado jamás, el monje Igan y la rogue Thorum mueren sin remedio, a lo que el paladín Leohart responde con un devastador divine smite seguido de un thunderous smite que acaba con la vida del sacerdote.

Varis, Dalnir y Berilac quedan inconscientes cuando ya sólo queda un enemigo en pie. El paladín, a pesar del agotamiento y las graves heridas sufridas, logra acabar con él con sólo un hilo de vida.

Ya a salvo, con Varis recuperado después de recibir los primeros auxilios de Leohart, levantan a sus compañeros y cargan en la carreta los cuerpos de Igan y Thorum. Una vez hecho esto, registran el campamento de los gnolls encontrando unas monedas, un brazalete de oro, una poción de curación superior, una poción de fuerza de gigante de piedra, un elixir de salud y un morral mágico de Heward.
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Tras 79 días de viaje, al fin se atisba luz natural al final de la caverna. La luz penetra a través de los pasillos, con diurna claridad, tras meses de oscuridad y luz generada por la magia de las profundidades. De pronto las energías se ven renovadas al darse cuenta de que han logrado atravesar los dominios de la infraoscuridad.

Justo en la salida, 2 enanos fuertemente armados dan el alto al grupo. Dalnir les explica el motivo de su llegada y les pone al día de los acontecimientos. Mientras hablan, una enana guerrera se acerca para entablar conversación con el grupo de aventureros. Helda Silverstream, sobrina de Stokely Silverstream, de Cumbre de Kelvin, explica que también ha oído los rumores de los problemas, por lo que decide acompañar al grupo de aventureros.

Cansados tras meses en la oscuridad, con la moral baja por la caída de sus compañeros, los Guardianes del Norte llegan a la villa de Easthaven a orillas del lago Dinneshere, y son escoltados hasta el albergue para recobrar fuerzas con un merecido descanso. Pero antes, el tabernero da indicaciones al grupo de cómo encontrar el templo de la ciudad dedicado al Dios de la Guerra para poder resucitar a sus compañeros. Los aventureros, muy agradecidos y contentos por la posibilidad de volver a ver a sus compañeros con vida, parten de inmediato hacia el templo.

La resurrección les cuesta un precio muy alto esta vez. Debido al hecho de no disponer de monedas suficientes y sin la posibilidad de empeñar objetos por un precio justo, no tienen más remedio que deshacerse del morral, valorado en más de 10.000 monedas de oro, a cambio de resucitar a sus compañeros.

Unos días después, con todo el grupo recuperado y con las fuerzas renovadas, los aventureros continúan su viaje hacia el norte, hacia la capital Bryn Shander.
La caravana gira alrededor de la base de una colina cuando de pronto se escuchan los relinchos de caballos y los gritos de los enanos que vienen de la parte de atrás de la columna de carros. A través de la nieve se distingue la figura de un gran gato de dientes de sable posado sobre un enano de la caravana.

El cochero lucha por recobrar el control de los animales pero estos tiran salvajemente sus correajes mientras intentan huir y, con un crujido, el carromato vuelca y se estrella contra el suelo.
Mientras los aventureros corren a enfrentarse al gran felino, otro dientes de sable entra en combate.

Finalmente, el grupo se hace con el control de la situación y, muy a pesar del druida – con sentimientos enfrentados – logran acabar con los animales. Por suerte, las heridas del enano provocadas por las fauces del felino no comportan gravedad, por lo que logran salvar su vida con una curación de Varis.
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Llegando a Bryn Shander, una tormenta les dificulta el paso, Lo que debería haber sido un viaje de un par días a lo largo del Sendero de las Diez villas desde el paso de montaña, se alargó a seis interminables días de frio helador, vientos aullantes, nevadas interminables y bestias en mitad del camino.

Finalmente, el carromato líder comienza a ascender por una de las colinas, mostrándose ante todos los anchos e infranqueables muros de madera y roca de Bryn Shander.
Lentamente, los carromatos van atravesando las puertas cuando de repente, desde la muralla llegan gritos de terror. Un grupo de figuras monstruosas; altas como un hombre pero cubiertas de una espesa capa de piel blanca; asaltan los carromatos y atraviesan las puertas, golpeando con sus terribles garras. Al mismo tiempo, una figura de una mujer con ropajes blancos y coronada con los cuernos de un alce se deja ver entre la ventisca, desapareciendo sin dejar rastro instantes después.

Oleadas de Yetis asaltan las puertas de la ciudad. Los guardias de la ciudad, al igual que el grupo de aventureros, presentan una fiera batalla, repartida en horribles escaramuzas a muerte alrededor de los carromatos, mientras otros guardias disparan andanadas de flechas desde lo alto de la muralla para mantener a raya a las criaturas monstruosas.
3 yetis jóvenes, acompañados de un yeti adulto, fijan su objetivo en el grupo. Los aventureros aguantan el envite como pueden, centrando sus esfuerzos y acabando con la vida del yeti adulto. Los jóvenes, desmoralizados por la muerte de su líder, caen enseguida bajo los Guardianes del Norte.

Los carromatos todavía no han logrado traspasar las puertas de la ciudad, por lo que retirarse no es una opción para el grupo de aventureros. A lo lejos, cientos de Yetis se aproximan. Es necesario resistir para poner a salvo hasta el último carro, o hasta que los guardias de la ciudad decidan sellar las puertas para proteger la ciudad del gran ataque en ciernes, sentenciando a muerte a todo aquél que se encuentre al otro lado.

El grupo se encarga de otra oleada de Yetis sin mayores problemas, mientras el último carromato logra cruzar las puertas. Los guardias de la muralla, después de acabar con la última oleada en esa zona, dan el aviso de retirada. Los soldados que se encontraban en el campo de batalla se mueven rápidamente para recuperar las almenas, sus hondas y flechas rechazando a los atacantes desde el muro. Pronto, se escuchan los aullidos de derrota de las criaturas mientras huyen hacia la tundra.

Una vez dentro, sanos y salvos, los aventureros no dudan en prestar ayuda a los guardias heridos, cuando un hombre con una expresión seria y aire de autoridad se aproxima y, dejando descansar su mano en el pomo de su espada, hace una corta reverencia en señal de respeto y agradecimiento por la oportuna ayuda del grupo de aventureros.

Markham Siythwell, alguacil de Bryn Shander, expresa su gratitud y asegura que informará de la gesta a la portavoz de la ciudad, la cual quizás vea adecuado ofrecer una recompensa por el servicio prestado a la ciudad.
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Tesoros conseguidos:

91 oro
112 plata
1x poción de curación superior
1x poción de fuerza Gigante de Piedra
1x elixir de salud

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Baldarak Dalnir

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